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Evidencia y limitaciones de la terapia cognitivo-conductual en el trastorno antisocial de la personalidad: Una revisión bibliográfica
Evidence and Limitations of Cognitive-Behavioral Therapy in Antisocial Personality Disorder: A Literature Review
https://doi.org/10.47606/ACVEN/MV0312
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Paula Andrea Contreras-Bustamante1
Joel Nicolas Fagundez-Bolivar2* Recibido: 13/11/2025 Aceptado: 04/02/2026 |
Introducción: El Trastorno Antisocial de la Personalidad (TASP) representa un desafío clínico significativo debido a su complejidad conductual y a la limitada adherencia terapéutica de los pacientes. En este contexto, la Terapia Cognitivo-Conductual (TCC) ha sido considerada una de las intervenciones psicológicas más empleadas en distintos trastornos de la personalidad; sin embargo, su eficacia específica en el abordaje del TASP continúa siendo objeto de debate en la literatura científica. Objetivo: Examinar el impacto de la Terapia Cognitivo-Conductual en el abordaje del Trastorno Antisocial de la Personalidad, evaluando su utilidad clínica y las alternativas terapéuticas vigentes. Materiales y métodos: Se realizó una revisión documental basada en literatura académica reciente e indexada en bases de datos científicas como PubMed. Los estudios fueron seleccionados según criterios de pertinencia temática y actualidad, con el fin de analizar la evidencia disponible sobre la eficacia de la TCC en el tratamiento del TASP y explorar otras propuestas terapéuticas emergentes. Resultados: La revisión evidenció escasa literatura que relacione directamente la TCC con el TASP y ausencia de conclusiones unificadas. No obstante, el consenso predominante sugiere una eficacia limitada de la TCC en esta población, atribuida principalmente a la baja adherencia del paciente al proceso terapéutico. Asimismo, se identificó una tendencia creciente hacia modelos alternativos como la Terapia Basada en la Mentalización (MBT), la Terapia de Realidad Virtual (VR) y la Terapia de Esquemas (ST), apoyados en innovaciones tecnológicas y enfoques integrativos. Conclusión: La evidencia disponible indica que la TCC presenta eficacia limitada en el tratamiento del TASP, destacando la necesidad de profundizar en investigaciones que fortalezcan la validación empírica de esta intervención o consoliden alternativas terapéuticas que optimicen la atención clínica de esta población.
Palabras clave: Trastorno antisocial de la personalidad; Terapia cognitivo-conductual;
Intervención psicológica; Terapias alternativas; Adherencia terapéutica
1. Universidad Bicentenaria de Aragua (UBA)- Venezuela 2. Universidad de los Andes (ULA)- Venezuela
* Autor de correspondencia: joelnicolasfagundez@gmail.com
Introduction: Antisocial Personality Disorder (ASPD) represents a significant clinical challenge due to its behavioral complexity and the limited therapeutic adherence commonly observed in patients. In this context, Cognitive-Behavioral Therapy (CBT) has been widely applied in the treatment of various personality disorders; however, its specific effectiveness in managing ASPD remains a subject of ongoing debate within the scientific literature. Objective: To examine the impact of Cognitive-Behavioral Therapy in the treatment of Antisocial Personality Disorder, assessing its clinical usefulness and current therapeutic alternatives. Materials and Methods: A documentary review was conducted based on recent academic literature indexed in scientific databases such as PubMed. Studies were selected according to their thematic relevance and recency, with the aim of analyzing available evidence regarding the effectiveness of CBT in ASPD and exploring emerging therapeutic approaches. Results: The review revealed limited literature directly linking CBT with ASPD and the absence of unified conclusions. Nevertheless, the prevailing consensus suggests limited effectiveness of CBT in this population, mainly due to low patient adherence to the therapeutic process. Furthermore, a growing trend toward alternative approaches was identified, including MentalizationBased Therapy (MBT), Virtual Reality Therapy (VR), and Schema Therapy (ST), supported by technological innovations and integrative models. Conclusion: Current evidence indicates that CBT demonstrates limited effectiveness in the treatment of ASPD, highlighting the need for further research to strengthen its empirical validation or to consolidate alternative therapeutic strategies aimed at optimizing clinical care for this population.
Keywords: Antisocial personality disorder; Cognitive-behavioral therapy; Psychological intervention; Alternative therapies; Therapeutic adherence
El Trastorno Antisocial de la Personalidad (TASP) se caracteriza clínicamente por un patrón persistente de desprecio por los derechos de los demás, impulsividad, comportamiento deshonesto y una marcada carencia de empatía o culpa, configurándose como una psicopatología de alta gravedad (2). Se estima que afecta entre el 1 % y el 4 % de la población general (2) y se asocia con conductas que pueden generar daños físicos y emocionales a terceros, tales como agresión y criminalidad (3). Además, las personas con TASP presentan un mayor riesgo de baja calidad de vida, aislamiento social y conflictos legales, lo que en muchos casos se traduce en prolongados periodos de encarcelamiento (1).
Desde el punto de vista terapéutico, el TASP continúa siendo uno de los trastornos de personalidad más complejos de abordar. Tan XY (2) señala que esta dificultad se relaciona con la baja motivación de los pacientes, las elevadas tasas de recaída y las barreras estructurales presentes en los sistemas de salud mental. A pesar de los avances significativos en el tratamiento de otros trastornos psicopatológicos, persiste la ausencia de intervenciones sólidamente respaldadas por evidencia científica para adultos con TASP (3). Esta limitación se agrava por la baja adherencia terapéutica observada en esta población, lo que dificulta la efectividad de las intervenciones orientadas a reducir conductas antisociales (2).
La Terapia Cognitivo-Conductual (TCC) ha demostrado eficacia en una amplia gama de trastornos mentales, incluyendo el trastorno depresivo mayor y los trastornos de ansiedad. Sin embargo, su aplicación específica en el TASP presenta resultados limitados y, en muchos casos, contradictorios. La evidencia disponible sobre su impacto en el Trastorno Antisocial y en el Comportamiento Antisocial (ASB) es escasa, encontrándose un número reducido de estudios empíricos que analicen de manera directa esta relación. Esta situación evidencia la necesidad de profundizar en el estudio del vínculo entre la TCC y el TASP, así como en la identificación de posibles factores moderadores de su eficacia. Históricamente, la TCC ha evolucionado a través de distintas etapas. Sus orígenes se remontan a la denominada “primera ola” de la terapia conductual en la década de 1950, basada en los principios del condicionamiento clásico y operante. Posteriormente, la integración con la terapia cognitiva desarrollada por autores como Albert Ellis y Aaron
Beck dio lugar a la “segunda ola” en los años sesenta, consolidándose como uno de los modelos psicoterapéuticos dominantes a nivel mundial (5,7). Más recientemente, la denominada “tercera ola” ha incorporado enfoques como la Terapia de Aceptación y Compromiso, la Terapia Dialéctico-Conductual y las intervenciones basadas en mindfulness, ampliando el espectro de abordajes clínicos disponibles (7).
En paralelo, la conceptualización del TASP también ha evolucionado. De acuerdo con el DSM-5, el diagnóstico se fundamenta en el deterioro del funcionamiento de la personalidad y en la presencia de rasgos patológicos relacionados con el antagonismo y la desinhibición, incluyendo manipulación, insensibilidad, impulsividad y asunción de riesgos (2). No obstante, perspectivas recientes cuestionan el modelo categórico tradicional, señalando la heterogeneidad de la población antisocial y proponiendo entender el comportamiento antisocial como un constructo transdiagnóstico y continuo, que abarca diferentes grados de expresión conductual (3).
La coexistencia de una conceptualización diagnóstica en revisión y de intervenciones terapéuticas con evidencia limitada plantea interrogantes relevantes para la práctica clínica. En este contexto, el presente artículo tiene como propósito analizar el papel de la Terapia Cognitivo-Conductual como estrategia de intervención en el TASP mediante una revisión bibliográfica, destacando la necesidad de consolidar evidencia empírica que permita optimizar la atención a una población que no solo enfrenta un alto deterioro funcional, sino que también puede representar un riesgo significativo para su entorno social.
Se llevó a cabo una indagación documental con el objetivo de examinar los hallazgos científicos contemporáneos acerca de la aplicación del modelo Cognitivo-Conductual en el abordaje del Trastorno Antisocial de la Personalidad. Se utilizaron términos clave como Terapia Cognitivo-Conductual, Trastorno Antisocial de la Personalidad, eficacia. Aplicando conectores como (AND) con el fin de perfeccionar el proceso de localización de información.
La última búsqueda se realizó en el transcurso del año 2025, lo que permitió asegurar la incorporación de las investigaciones con mayor vigencia hasta dicho periodo. Adicionalmente, se incluyeron algunas referencias previas a 2021 de relevancia histórica o conceptual, para contextualizar la evolución de la terapia cognitiva conductual y las diferentes perspectivas referentes al Trastorno Antisocial de la Personalidad. Estas mismas forman parte del marco teórico para contextualizar el uso del enfoque CognitivoConductual ante la psicopatología antisocial de la personalidad para comprar los estudios obtenidos hasta la última fecha reciente del 2025. Se efectuaron búsquedas en Research Gate, Pudmed, Cochrane Library y Frontiers.
Se seleccionaron aquellas investigaciones difundidas entre 2021 al 2025 redactadas tanto en lengua inglesa y en español. Que abordaran específicamente la eficacia del modelo cognitivo-conductual en su aplicación clínica frente al cuadro antisocial de la personalidad. Se otorgó preferencia a trabajos evaluados por expertos que presentaran una sólida base empírica, tales como estudios clínicos controlados, análisis sistemáticos y metaanálisis.
Se excluyeron aquellas publicaciones que eran de fechas anteriores al 2021, que no fuesen revisadas por pares y que carecieran de rigor científico reciente. En total, se identificaron solamente 4 artículos recientes entre las fechas 2021-2025 que se ajustaron a los parámetros de selección definidos. El contenido recolectado se estructuró bajo dos ejes analíticos: el Impacto de la Terapia y las Alternativas terapéuticas para el tratamiento del TASP para estructurar mejor el análisis
La evidencia científica disponible sobre la eficacia de la Terapia Cognitivo-Conductual (TCC) en el Trastorno Antisocial de la Personalidad (TASP) y el Comportamiento Antisocial (ASB) muestra resultados heterogéneos y, en muchos casos, limitados. Los estudios revisados reflejan avances parciales, aunque no concluyentes, respecto al impacto terapéutico de este enfoque.
En primer lugar, Nakao et al. (5) evaluaron la eficacia del modelo cognitivo-conductual en el tratamiento de diversos trastornos mentales, físicos y conductuales, incluyendo comportamientos antisociales. Sus hallazgos indicaron que la TCC fue efectiva para una variedad de problemas, tales como el abuso de sustancias, el juego patológico y conductas antisociales, demostrando beneficios principalmente a corto plazo. No obstante, los autores enfatizan la necesidad de estudios con seguimiento prolongado para determinar la estabilidad y sostenibilidad de estos efectos en el tiempo, particularmente en poblaciones con rasgos antisociales persistentes.
Por su parte, Carpena et al. (6) analizaron el rol mediador de mecanismos psicológicos y cognitivos como la función ejecutiva, el autocontrol y las preferencias temporales en una intervención combinada de TCC y transferencias de efectivo incondicionales (UCT) aplicada a jóvenes en Liberia con conductas antisociales. Los resultados evidenciaron que la combinación de UCT y TCC produjo mejoras significativas en la reducción del ASB. Sin embargo, no se encontró evidencia de que dichos efectos estuvieran mediados por variables psicológicas clásicamente asociadas a la TCC, como el autocontrol o las funciones ejecutivas. Estos hallazgos sugieren que los mecanismos de cambio podrían involucrar factores contextuales o socioeconómicos, más allá de los procesos cognitivos tradicionalmente abordados por el modelo cognitivo-conductual.
En contraste, Chen et al. (1) realizaron una revisión bibliográfica centrada en la etiología y métodos de tratamiento del TASP, señalando que, aunque la TCC es utilizada en la práctica clínica, los ensayos exploratorios no mostraron mejoras significativas en la reducción de la agresión en comparación con el tratamiento habitual. Este resultado pone en evidencia una discrepancia entre la amplia aplicación clínica de la TCC y la solidez de la evidencia empírica que respalde su eficacia específica en esta población.
Asimismo, Brazil et al. (9) aportan una perspectiva diferenciada al examinar la Terapia de Remediación Cognitiva (CRT), una variante de la TCC diseñada para intervenir déficits específicos, como la atención al contexto en individuos con rasgos psicopáticos o el control afectivo en sujetos no psicopáticos. Los resultados indican mejoras más significativas cuando las intervenciones se personalizan según el perfil neurocognitivo del paciente. No obstante, los autores subrayan que los individuos con psicopatía presentan mayores tasas de abandono terapéutico y reincidencia criminal, incluso cuando muestran mejoras clínicas superficiales durante el tratamiento. Este hallazgo refuerza la hipótesis de que la baja adherencia y la limitada motivación constituyen obstáculos estructurales en la efectividad de la TCC en el TASP.
Adicionalmente, Xin Yi Tan (2) explora enfoques terapéuticos emergentes que buscan superar las limitaciones del modelo cognitivo-conductual tradicional. Entre ellos destacan la Terapia de Esquemas (ST), la Terapia Basada en la Mentalización (MBT) y el uso de tecnologías innovadoras como la Realidad Virtual (VR) y herramientas impulsadas por inteligencia artificial. Estas intervenciones se orientan a déficits nucleares del TASP, tales como la desregulación emocional y el deterioro de la cognición social. En particular, la toma de perspectiva mediante realidad virtual ha mostrado potencial para mejorar la empatía, mientras que los modelos predictivos basados en IA podrían contribuir a la prevención de recaídas.
Sin embargo, pese a estos avances, los metaanálisis y estudios comparativos revisados coinciden en que no existe evidencia concluyente que respalde la eficacia robusta de la TCC como tratamiento estándar para el TASP en adultos. Un estudio que comparó TCC (durante 6 y 12 meses) con tratamiento habitual en 52 pacientes con TASP encontró mejoras en el consumo problemático de alcohol, creencias positivas y funcionamiento social tras seis meses de intervención; no obstante, dichas diferencias no alcanzaron significación estadística frente al tratamiento convencional. De manera similar, un metaanálisis orientado a identificar intervenciones psicológicas efectivas para el TASP concluyó que ninguno de los tratamientos evaluados demostró eficacia significativa sostenida.
En conjunto, los resultados indican que la TCC puede generar beneficios parciales y transitorios, particularmente cuando se adapta a características específicas del paciente o se combina con intervenciones contextuales. Sin embargo, la evidencia disponible no permite afirmar su efectividad como tratamiento integral y definitivo para el TASP. Esto ha impulsado el desarrollo de terapias de tercera generación y enfoques integrativos que incorporan tecnologías emergentes, aunque estos aún requieren validación empírica rigurosa mediante ensayos controlados y estudios longitudinales.
La heterogeneidad diagnóstica del TASP, la baja adherencia terapéutica y la presencia de rasgos psicopáticos parecen constituir variables moderadoras críticas que influyen en los resultados terapéuticos. Por tanto, se hace necesario profundizar en investigaciones que integren modelos dimensionales del comportamiento antisocial y enfoques personalizados de intervención, con el objetivo de optimizar la atención clínica y reducir el impacto social de este trastorno.
A partir del análisis de las contribuciones revisadas, se pueden identificar que los aportes son en su mayoría revisiones sistemáticas y metaanálisis de las pocas investigaciones que se hicieron hace más de 5 años, por lo cual se identifica una falta de investigación en el tema en cuestión de la TCC en el TASP. Al mismo tiempo, la evidencia sobre la eficacia de la TCC para reducir el trastorno es débil, y el grueso de las investigaciones ha tenido lugar en naciones con economías avanzadas (6).
El análisis descriptivo aquí expuesto permitió comprender de manera amplia y crítica las principales perspectivas sobre el impacto clínico de los modelos cognitivo-conductuales frente a la patología de la personalidad antisocial. Los hallazgos evidencian que, desafortunadamente, no existe evidencia satisfactoria de que la intervención terapéutica sea efectiva para el TASP y se plantea la necesidad de buscar vías alternativas para atender a esta población. Aún se requiere profundizar en la eficacia de la TCC de tercera generación en la TASP para fortalecer su comprensión teórica y práctica y la búsqueda alternativa de terapias para la TASP.
Finalmente, este artículo aporta una sistematización actualizada del estado del arte, útil para investigadores, profesionales y académicos interesados en el abordaje de la personalidad antisocial para evidenciar lo fundamental que resulta seguir investigando en un tema poco explorado, pero de relevancia para las ciencias de la salud.
1. Chen S, Xing L, Zhang L. The review of antisocial personality disorder. Proceedings of the 2021 International Conference on Public Relations and Social
Sciences (ICPRSS 2021); Jan 21 2021. 417-421.
Tan XY. Emerging therapies for antisocial personality disorder: psychotherapeutic and technological advances. Lecture Notes in Education Psychology and Public Media 94; Jul 4 2025. 259–277
2. De Wit-De Visser B, Rijckmans M, Vermunt JK, van Dam A. Pathways to antisocial behavior: a framework to improve diagnostics and tailor therapeutic interventions. Front. Psychol. 08.; Feb 14 2023.
3. Sargın AE, Özdel K, Türkçapar MH. Cognitive-behavioral theory and treatment of antisocial personality disorder. InTechOpen; Dec 20 2017.
4. Nakao M, Shirotsuki K, Sugaya N. Cognitive-behavioral therapy for management of mental health and stress-related disorders: recent advances in techniques and technologies. BioPsychoSocial Med 15; Oct 3 2021. 15-16
5. Carpena MX, Paula CS, Loret de Mola C, Hessel P, Avendano M, Evans-Lacko S, et al. Combining cash transfers and cognitive behavioral therapy to reduce antisocial behavior in young men: a mediation analysis of a randomized controlled trial in Liberia. March 17,2023. PLoS ONE 18. 8-11.
6. Hofmann SG, Asnaani A, Vonk IJJ, Sawyer AT, Fan A. The efficacy of cognitive behavioral therapy: a review of meta-analyses. Cogn Ther Res ; 36, Jul 31 2012. 619–630.
7. Davidson K, Tyrer P, Tata P, Cooke D, Gumley A, Ford I, et al. Cognitive behaviour therapy for violent men with antisocial personality disorder in the community: an exploratory randomized controlled trial. Psychological Medicine 39; 30 Jul 2008. 569-577
8. Brazil IA, van Dongen JDM, Maes JHR, Mars RB, Baskin-Sommers AR. Classification and treatment of antisocial individuals: from behavior to biocognition. Neuroscience and Biobehavioral Reviews 91; 14 Jun 2018. 259-277